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(Meningitis)

La meningitis es una inflamación de las meninges, las membranas que envuelven el encéfalo y la médula espinal. Por lo general, la inflamación es causada por una bacteria o un virus (la meningitis viral también se llama meningitis aséptica). Las causas menos frecuentes de la meningitis son los hongos, los protozoarios y otros parásitos. En ocasiones, ciertos medicamentos, cánceres u otras enfermedades pueden inflamar las meninges. Sin embrago, estos casos de meningitis no infecciosas no son muy comunes.

Muchos de los virus o bacterias que pueden causar la meningitis son muy comunes y suelen estar más asociados a enfermedades de todos los días. A veces, sin embargo, pueden propagarse a las meninges desde una infección en otra parte del cuerpo. La infección puede comenzar en cualquier parte del cuerpo, incluso la piel, el tracto gastrointestinal o el aparato urinario, pero el origen más común es el tracto respiratorio. Desde allí, los microorganismos pueden ingresar en el torrente sanguíneo, trasladarse por todo el cuerpo y entrar en el sistema nervioso central. En ciertos casos de meningitis bacteriana, la bacteria proveniente de una infección grave cercana –como una infección de oídos severa (otitis media) o una sinusitis– se propaga directamente a las meninges. La bacteria también puede penetrar en el sistema nervioso central después de que el niño ha sufrido un traumatismo de cráneo severo o ha sido sometido a una cirugía craneal.

La meningitis bacteriana es menos frecuente que la meningitis viral pero es mucho más peligrosa y, de no tratarse inmediatamente, puede poner en peligro la vida de la persona. Existen varios tipos de bacterias que causan meningitis: el Streptococcus grupo B, la Escherichia coli y la Listeria monocytogenes son las causas más frecuentes de meningitis en los recién nacidos. El Streptoccoccus pneumoniae, llamado comúnmente “neumococo”, y la Neisseria meningitidis, más conocida como “meningococo”, son más frecuentes en los niños mayores de 2 meses. Antes de la década de 1990, la Haemophilus influenzae tipo b (Hib) era la causa principal de meningitis en los niños de los Estados Unidos. Pero el uso generalizado de la vacuna Hib ha disminuido drásticamente la frecuencia de la meningitis causada por la Hib.

La meningitis viral es relativamente común y mucho menos grave que la meningitis bacteriana. Suele no ser detectada o diagnosticada porque los síntomas son similares a los de una gripe. La frecuencia de la meningitis viral aumenta levemente en los meses de verano y otoño, ya que en estas estaciones la gente está más expuesta a agentes virales comunes. Los agentes causantes de la mayor parte de las meningitis virales pertenecen al grupo de los enterovirus: virus que causan “gripes” estomacales. Sin embargo, existen muchos otros tipos de virus, como el virus del herpes, que pueden causar meningitis. El virus de las paperas fue, en un momento, una causa muy común de meningitis viral. En la actualidad, gracias al uso generalizado de la vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubéola, no es muy común.

La meningitis bacteriana puede atacar a las personas de cualquier edad, pero es más común en los más pequeños (bebés y niños pequeños) y en los mayores de 60 años de edad. Los adolescentes y los estudiantes universitarios también corren un mayor riesgo de enfermarse a causa del tiempo que pasan en contacto cercano con sus compañeros. La meningitis viral ocurre en gente de todas las edades, si bien es más común en los niños.

La gente con un sistema inmunológico más débil, como los niños pequeños o aquellas personas cuyo sistema inmunológico se ha visto disminuido a causa de una enfermedad, tienen más posibilidades de contraer cualquier tipo de meningitis. Ciertos tipos de meningitis son más frecuentes en guarderías, internados, residencias de estudiantes y bases militares, principalmente porque las enfermedades infecciosas tienden a propagarse rápidamente entre grupos grandes de gente. El riesgo de contraer meningitis aumenta si no se reciben las vacunas de rutina para atacar ciertos agentes infecciosos que pueden causar la enfermedad (como los de las paperas, la Hib y el neumococo).

Las perspectivas futuras para un niño que sufre de meningitis varían según la edad del niño, el microorganismo que causó la infección, las complicaciones que haya tenido y el tratamiento que haya recibido. Las complicaciones de la meningitis bacteriana pueden ser muy graves y llegar a causar problemas neurológicos, como la pérdida de la audición o de la vista, convulsiones y problemas de aprendizaje. También es posible que el corazón, los riñones y las glándulas suprarrenales se vean afectados. Si bien algunos niños quedan con problemas neurológicos a causa de la meningitis bacteriana, la mayoría de los enfermos que reciben un diagnóstico y un tratamiento sin demora se recuperan totalmente.

La mayoría de los casos de meningitis viral se resuelven sin complicaciones.

Señales y síntomas

Los síntomas de la meningitis varían según la edad del niño y de la bacteria o el virus que cause la infección. Los síntomas de la meningitis viral suelen ser más leves que los de la meningitis bacteriana. Sin embargo, los síntomas de los casos por bacteria o por virus pueden ser similares, en particular durante las primeras etapas de la enfermedad. Por eso, la identificación rápida y precisa del organismo infeccioso es crucial para lograr un tratamiento efectivo y la recuperación del paciente.

Los primeros síntomas de la meningitis suelen aparecer varios días después de que el niño haya tenido un resfriado, secreción nasal, diarrea y vómitos, u otras señales de una infección bacteriana o viral. Los síntomas más comunes de la meningitis son tener fiebre, estar letárgico (estado de somnolencia) o mostrar irritabilidad. Los niños mayores pueden quejarse de dolor de cabeza, fotofobia (sensibilidad a la luz) y rigidez de cuello, síntomas que el médico suele notar durante el examen físico.

La meningitis también puede producir erupciones cutáneas, aunque las erupciones causadas por la meningitis bacteriana tienen un aspecto diferente de las causadas por la viral. En ocasiones, la meningitis también puede causar convulsiones.

Los recién nacidos y los niños pequeños con meningitis no presentan el cuadro clásico descrito anteriormente y simplemente se los ve extremadamente irritables o letárgicos. Normalmente, los niños pequeños que no se sienten bien se tranquilizan cuando la madre los alza en brazos. Sin embargo, un niño que tiene meningitis puede manifestar algo denominado “irritabilidad paradójica” (cuando el niño se irrita aún más al ser acunado o alzado). Esto puede ser una señal de irritación de las meninges.

Los siguientes pueden ser otros síntomas de meningitis: ictericia (color amarillento de la piel), rigidez de cuello y del cuerpo, poca fiebre, una temperatura corporal menor que la normal, poca alimentación, dificultad para chupar y un llanto muy agudo. Los padres también notarán una fontanela craneal abultada en la cabeza del bebé. (Las fontanelas son los espacios membranosos que el bebé tiene en la parte superior del cráneo donde los huesos se juntan y que todavía están abiertos ya que no se han osificado completamente).

Contagio

La mayoría de los casos de meningitis son el resultado de infecciones contagiosas. Los agentes infecciosos suelen transmitirse de una persona a otra a través de pequeñas gotas de secreciones de la garganta y la nariz de la persona infectada. (Pueden ser las secreciones de una persona con meningitis o, más probablemente, con la infección causada por ese germen). Estas gotas pueden ser transportadas por el aire cuando la persona tose, se ríe, habla o estornuda. Pueden infectar a otros cuando la gente las respira o cuando toca las gotas y después se toca la boca o la nariz.

La infección también se transmite al compartir comida, vasos, utensilios de cocina, pañuelos o toallas. Algunos organismos infecciosos se pueden transmitir a través de la materia fecal de una persona. Cuando otro individuo entra en contacto con esta materia fecal (por ejemplo, un niño en una guardería) puede contraer la infección.

Las infecciones se transmiten con más frecuencia entre gente que está en estrecho contacto, como la que vive junta o la que se expone al besarse o compartir utensilios de cocina. La relación o el contacto fugaz en la escuela o en el trabajo con personas infectadas no suele transmitir el agente infeccioso.

Es importante recordar que una persona no contrae automáticamente meningitis por el simple hecho de haberse infectado con una bacteria o un virus en particular. En la mayoría de los casos, el microorganismo simplemente causará una infección respiratoria o gastrointestinal común. En ciertos casos, la persona es portadora de los gérmenes que causan la meningitis pero no se enferma. Si bien no presentan los síntomas de la enfermedad, pueden transmitir el germen.

Los pacientes con meningitis son contagiosos mientras presenten síntomas. La gente que padece de meningitis bacteriana puede ser contagiosa hasta 24 horas después del comienzo de la primera toma de antibióticos.

Prevención

Las vacunas de rutina para los adolescentes ayudan a prevenir esta infección poco común pero muy peligrosa. Los expertos recomiendan que los niños de 11 años de edad reciban la vacuna contra el meningococo, una infección bacteriana grave que puede causar meningitis. La vacuna se denomina “meningococo cuadrivalente” o MCV4. Los niños que no se hayan vacunado al llegar a los 15 años de edad o cuando están por comenzar la escuela secundaria deben recibir la vacuna. Los que comienzan la universidad y van a vivir en una residencia para estudiantes también deben recibir la vacuna.

La mayoría de las bacterias y de los virus responsables de la meningitis son muy comunes. Mantener un buen nivel de higiene es una de las formas más importantes de prevenir la infección. No deje de recordarles a los miembros de su familia la importancia de lavarse las manos correcta y frecuentemente, en particular antes de comer y después de ir al baño. Evite el contacto con gente enferma y no comparta comida, bebidas o utensilios de cocina. Esto también permitirá detener la transmisión de los gérmenes.

En ciertos casos de meningitis, es posible que los médicos decidan administrar antibióticos a aquellas personas que han estado en contacto cercano con un enfermo, para prevenir la aparición de más casos.

Las vacunas contra la Hib, el sarampión, las paperas, la rubéola, la polio y el neumococo pueden proteger contra la meningitis causada por estos microorganismos. Los niños de alto riesgo también deben vacunarse contra ciertos tipos de meningococos. Dado que hay más probabilidades de que la meningitis bacteriana ocurra en ambientes cerrados, como las residencias para estudiantes, algunas universidades piden que los estudiantes se vacunen contra el meningococo. Esta vacuna también se recomienda a la gente que viaja a países donde la meningitis es más común.

Período de incubación

El período de incubación varía según cuál sea el organismo que causa la meningitis. Para las causas más comunes de meningitis este período oscila entre 2 días y 2 semanas.

Duración

Aun si se recibe un tratamiento adecuado, la meningitis bacteriana puede tardar días (y hasta semanas) en curarse y recuperarse de sus efectos puede llevar incluso más tiempo. La mayoría de los casos de meningitis viral se resuelven por completo en 1 ó 2 semanas.

Tratamiento profesional

Todo niño con una posible meningitis debe recibir un diagnóstico y un tratamiento agresivos. Primero, el médico tomará nota de su historia clínica y llevará a cabo un examen físico. Si el médico sospecha que tiene meningitis, pedirá que le realicen pruebas de laboratorio para hacer un diagnóstico. Probablemente se realice una punción lumbar para extraer líquido de la médula espinal. Esta muestra se analizará para detectar señales de inflamación y se le hará un cultivo para determinar qué organismo está causando la infección.

Es de suma importancia tratar los casos de meningitis bacteriana rápidamente. Si a un niño se le diagnostica meningitis bacteriana (o se sospecha que es muy posible que la padezca), los médicos comenzarán suministrándole antibióticos en forma intravenosa lo antes posible; por lo general, antes de haber descubierto cuál es el microorganismo que está causando la infección. Una vez que se ha identificado el agente infeccioso mediante las pruebas de laboratorio, se pueden cambiar los antibióticos, de ser necesario, o interrumpirlos si se determina que el paciente sufre de una meningitis viral.

Si al niño se le diagnostica meningitis bacteriana, el paciente tendrá que ser admitido en un hospital para controlarlo de cerca.

En el hospital el niño seguirá recibiendo antibióticos y hasta puede llegar a necesitar cuidados intensivos.

El niño recibirá líquidos para reemplazar los que ha perdido por la fiebre, la transpiración, el vómito o la falta de apetito, y es posible que le den corticoides para reducir la inflamación de las meninges, dependiendo de cuál sea la causa de la enfermedad.

Las complicaciones que surgen de la meningitis bacteriana pueden requerir un tratamiento específico. Por ejemplo, se pueden suministrar anticonvulsivos para las convulsiones. Si el niño entra en un estado de conmoción o si su presión sanguínea es baja, es posible que le suministren más líquidos y ciertos medicamentos por vía intravenosa para aumentar la presión sanguínea. Si tienen dificultad para respirar, algunos niños necesitarán recibir oxígeno o utilizar un respirador.

Un niño con meningitis viral también puede ser admitido en un hospital, aunque a algunos niños se les permite recuperarse en su hogar si no parecen estar muy enfermos. Con excepción del medicamento contra el virus Herpes simplex, no existen medicamentos para luchar contra los agentes que causan la meningitis viral. Por lo tanto, el tratamiento suele centrarse en el alivio de los síntomas del niño. El tratamiento consiste en descansar, tomar líquido y medicamentos de venta libre para aliviar el dolor.

Algunos pacientes que han tenido meningitis pueden necesitar un control a largo plazo. Uno de los problemas más comunes como resultado de la meningitis bacteriana es la pérdida de la audición. Los niños que han tenido meningitis bacteriana deben someterse a pruebas de audición una vez que se recuperen de la enfermedad.

Tratamiento en el hogar

Si se sospecha que un niño tiene meningitis, debe ser atendido por un médico. Una vez que se haya hecho un diagnóstico, todos los pacientes con meningitis bacteriana, y muchos con meningitis viral, tendrán que tratarse en el hospital. Los niños mayores cuyos resultados de las pruebas de laboratorio no muestren señales de meningitis bacteriana y que tengan síntomas leves pueden regresar a sus hogares para recuperarse. Allí, tendrán que descansar y tomar mucho líquido. De ser necesario, pueden utilizar acetaminofeno (como Tylenol) o ibuprofeno (como Advil o Motrin) para aliviar la fiebre y el dolor de cabeza.

Los niños que se recuperan en sus casas tienen que ser controlados por sus padres y sus médicos. Si el estado del niño que se recupera en su hogar empeora, debe llevar al niño a la sala de emergencia de un hospital cuanto antes.

Cuándo debe llamar al médico de su hijo

Consiga atención médica inmediatamente si sospecha que su hijo tiene meningitis o si presenta síntomas como vómitos, dolor de cabeza, letargo o confusión, rigidez de cuello, erupción cutánea y fiebre. Los bebés que tengan fiebre, se muestren irritables, no quieran alimentarse y estén letárgicos deben ser atendidos por un médico cuanto antes.

Si su hijo ha estado en contacto con una persona que tiene meningitis (por ejemplo, en una guardería o en una residencia para estudiantes), llame al médico del niño para determinar si debe tomar medicamentos como prevención.

Revisado por: Elana Pearl Ben-Joseph, MD
Fecha de revisión: marzo de 2004





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Nota: Toda la información incluida en este material tiene propósitos educacionales solamente. Si necesita servicios para diagnóstico o tratamiento, tenga a bien consultar con su medico de cabecera.

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